mundo galaico-romano

Dionysos y Ampelos

Dionysos y Ampelos

En la colección del Museo se recoge una panorámica sobre la presencia romana en esta zona de Galicia y que marca los hitos de la conquista y organización del territorio -campamento romano de Aquis Querquernis-, la reorganización del poblamiento castrexo y su transformación en nuevos núcleos como es el caso de Castromao -Coeliobriga como se puede identificar por la mención explícita de la tessera hospitalis en la que se recoge el tratado de hospitalidad mutua entre sus habitantes, los Coelerni, y el Prefecto de la I Cohors de los Celtiberos-, o de la Ciudad del Castro de San Millán (Cualedro) o el más próximo a Ourense, el Conjunto Arqueológico-Natural de Santomé. Finalmente, los nuevos asentamientos, de cronología más tardía, que responden al modelo de villa, como es el caso de Parada de Outeiro (Vilar de Santos), A Cigarrosa (A Rúa), Baños de Riocaldo (Lobios) o Mourazos (Verín), con restos de diversa entidad, carácter y significado, entre los que se pueden destacar el grupo escultórico en mármol de Dionisos y Ampelos, procedente de Mourazos, los mosaicos de la Cigarrosa, los relieves de Amiadoso (Allariz) y la serie de bronces figurados romanos como el Mercurio de San Salvador de Seiró (Vilar de Barrio).

epigrafía

Las inscripciones, objeto de estudio de la epigrafía, son casi siempre un documento primario y un testimonio directo que nos llega, a diferencia de los manuscritos compilados, sin intermediarios, constituyendo, a pesar de las limitaciones cronológicas e interpretativas, una fuente insustituible para la Historia de la Antigüedad.

En el ámbito de la religión en la Galicia Romana, la epigrafía, sobre todo a partir de las inscripciones votivas, constituye una fuente de primer orden para su conocimiento, sin olvidar los escasos datos que nos proporciona la arqueología y las generalidades de la religión romana que le sean de aplicación.

En este aspecto el conocimiento de las divinidades de carácter indígena de la provincia de Ourense dependen única y exclusivamente de las aportaciones que pueda hacer la epigrafía. Alguna de estas divinidades, como ocurre con Bandua, no están representadas en esta colección, aunque están ampliamente documentadas en el ámbito territorial del museo. Por el contrario, encontramos otras como Reve, con un significado y valor sobre lo que no se ponen de acuerdo los investigadores, que apareció en el ara de Castromao y en el bloque granítico del monasterio de Ribeira, o Nabia, divinidad que para algunos tiene carácter acuático y para otros relación con la guerra, que encontramos en el ara del Monte do Viso (Nocelo da Pena).

A menudo nos encontramos con dioses y divinidades del panteón romano que llevan un epíteto de carácter indígena, lo que nos habla del sincretismo y simbiosis entre las dos religiones. Tal es el caso de los Lares, divinidad romana que en el ara de Vilariño Frío, Santa María Magdalena de Paradiña (Sarreaus) lleva el epíteto indígena de Ocaelaego o la de los Gozos, Santa Marta de Moreiras, con el epíteto indígena Circeiebaeco Proeneaego. Otros dioses romanos como Júpiter también llevan epíteto indígena, como es el paradigmático de Ladico.

El panteón romano es introducido y difundido en todo el NO. por el personal que estaba al cargo de la administración, funcionarios y sobre todo por los soldados y veteranos. Este condicionamiento sociológico explica la mezcla de los elementos religiosos, supersticiosos y cultos con los ritos oficiales. Las divinidades mejor representadas, aparte de Júpiter, son las Ninfas, con las piezas de Baños de Bande, Canedo y, como no, la de las Burgas. No faltan altares dedicados a Diana, como el ara de Monte Louredo (Reza) y el de la Mezquita o a Tutela como el de Santomé (Ourense).

La cristianización, aparte de otros elementos y testimonios, tanto de carácter arqueológico como histórico o epigráfico, se puede rastrear por el lugar en el que estas piezas suelen aparecer reutilizadas formando parte de construcciones dedicadas al culto cristiano, algunas veces incluso en el propio altar y con rebaje en el focus original para albergar la caja de las reliquias de la consagración de la iglesia como es el caso de la aparecida en San Mamede de Urrós (Allariz).

Las inscripciones funerarias permiten estudiar otros aspectos como la demografía, siempre con las limitaciones que la epigrafía comporta. No conocemos todos los epígrafes, ni todos los individuos se podían permitir que les erigieran un monumento, de las características que fuera, a su muerte. Por todo esto las conclusiones a las que se llega en este aspecto tienen que ser consideradas con la debida prudencia. Estas inscripciones además de la fórmula dedicatoria, a menudo D.M.S. -consagrado a los dioses Manes-, nombre del dedicante, del fallecido y la relación entre ambos, suelen llevar los años que tenía el difunto, como podemos ver, entre otras, en la pieza de Terroso (Vilardevós), donde especifica que Rufino fue enterrado a los 40 años o Macilia a los 60 en la de Florderrei Vello (Vilardevós).

Para el conocimiento y localización de pueblos y ciudades, la epigrafía se muestra como una fuente veraz que a menudo confirma y puntualiza la información que recibimos de otras fuentes. Tal es el caso de las inscripciones honoríficas erigidas en honor de Antonino Pio y Adriano respectivamente, aparecidas en Nocelo da Pena (Sarreaus), en las que la Civitas de los límicos hace la dedicatoria, lo que constituye un indicio claro de que próxima al lugar se debe de encontrar la ciudad de los límicos de la que nos habla Ptolomeo.

El estudio de la onomástica personal, registrada sobre todo a partir de la epigrafía, constituye un elemento clave que hay que tener en cuenta en la investigación sobre la asimilación de cualquier cultura. En el estudio del proceso romanizador del NO., la onomástica nos permite observar el grado de permeabilidad de la cultura romana en la indígena. Así se puede apreciar cómo individuos con onomástica indígena adoptan formas y ritos típicamente romanos y en otros casos como perdura el nombre indígena en los tria nomina romanos, como se puede ver, entre otras, en el ara ya citado de Vilariño Frío (Sarreaus), donde encontramos Apanicus nombre indígena.