Pieza del día: Fuste del humilladero de San Francisco

02/04/2020 | general

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Fuste de crucero de sección circular, de 140 x 20 cm, adornado en la parte baja por las figuras de Adán y Eva en el momento posterior a sucumbir a la tentación de la serpiente, que contempla la escena enroscada en el tronco del árbol de la “ciencia del bien y del mal”. En la parte superior, cuatro ángeles de cuerpo entero circundan el fuste apoyados en peanas. Visten doble túnica de pliegues tubulares y de caída vertical y portan en sus manos filacterias y la cruz y la balanza, símbolos precursores del triunfo del sacrificio de la cruz sobre el pecado y la muerte. Por encima de sus cabezas, y rematando el árbol del crucero, una hermosa fronda serviría de base para sostener un crucificado y una imagen de la Virgen con el Niño, tal y como aparece ilustrado en un manuscrito del siglo XVIII, atribuido al Padre Sarmiento que se conserva en este Museo.

Según el manuscrito del P. Sarmiento, el fuste procede del Humilladero que existía en el camino del convento “junto al Bosque de San Francisco”. En este documento se representa la obra completa de la que formaba parte, hoy tristemente desaparecida. Así, el crucero estaba formado por una plataforma de cuatro gradas de sillería de sección cuadrada, pedestal, fuste y cruz, cubierto con un techo apoyado en cuatro pilares graníticos de sección octogonal. Hasta nosotros solo llegaron el fuste y dos piedras de uno de los pilares con una inscripción en letras góticas con el nombre del dedicante y la fecha, 1460. Los humilladeros se sitúan en encrucijadas, lindes de parroquias o en atrios de iglesias. En ellos los peregrinos apilan piedras por una promesa cumplida o como ritual funerario. El crucero, en muchos casos evolución del humilladero, tiene un origen incierto, aunque se tiene por creación gótica, vinculada a las órdenes mendicantes, especialmente a los franciscanos.

Más información: Pieza del mes de abril de 2004

 

Pieza del día: IL TERZO LIBRO de Sebastiano Serlio

01/04/2020 | general
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#DiadasArtesGalegas

Con motivo del Día das Artes Galegas, dedicado a la figura de Domingo Antonio de Andrade (1639-1712), uno de los más significativos arquitectos del Barroco compostelano y gallego, el Museo Arqueolóxico de Ourense presenta una de las joyas de su Patrimonio bibliográfico y gráfico: Il Terzo Libro del pintor y arquitecto boloñés Sebastiano Serlio (1475-1554), iniciador de la tratadística arquitectónica italiana del siglo XVI y considerado como el teórico más importante do Cinquecento para la arquitectura española.

Buena prueba de la aceptación de la obra de Serlio, compuesta de un total de siete libros más uno llamado extraordinario y otro manuscrito, son las 56 ediciones del tratado durante los siglos XVI y XVII, además de ser traducido a diferentes idiomas. En España conoció una temprana edición a cargo del arquitecto Francisco de Villalpando, editada en Toledo en 1552, y reimpresa en 1563. La primera edición del Libro Tercero es de 1540, correspondiendo el ejemplar custodiado en el Museo a una segunda edición, con adiciones, de 1544, publicada en Venecia. En el frontispicio de la portada representa una ruina clásica con el topos “Roma quanta fuit ipsa ruina docet” (La grandeza de Roma la demuestran sus propias ruinas”, que gozó de una extraordinaria popularidad tanto en la poesía como en las artes.

La influencia en el ambiente artístico de este repertorio gráfico comentado fue enorme, siendo frecuente su presencia en las bibliotecas de nuestros arquitectos, caso de Andrade, prueba del conocimiento y utilización del mismo y de la cultura humanística del arquitecto gallego, autor él mismo de “Excelencias, Antigüedad y Nobleza de la Arquitectura”, el primer libro de este género publicado en Galicia.

Más información: Pieza del mes de octubre de 2011

Pieza del día: Inmaculada de Juan de Juni

31/03/2020 | general

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Representa a la Virgen de pie, sobre la media luna y una serpiente de gruesas espiras, portando un libro abierto en la mano izquierda; en la mano derecha, hoy perdida, llevaría el ramo de azucenas símbolo de su pureza. Muestra la cabeza ladeada, con los ojos entornados y espesos cabellos ondulados, cubierta con una toca anudada sobre el pecho, donde luce una joya redonda de las habituales en Juni. Los ropajes envuelven a la figura, distribuyéndose en grandes masas de abultados pliegues que determinan esas formas rotundas y redondeadas, correspondientes a la serenidad expresiva del último período de producción del imaginero castellano. No falta en esta escultura, de 127 x 50 cm, el característico movimiento helicoidal, muy manierista. La excelente calidad de la talla se refuerza con el dorado de la policromía y el tratamiento de las carnaciones que contribuyen a alcanzar su expresión final de acentuada naturalidad.

Es obra documentada de Juan de Juni, quien la cita en su testamento como encargo de doña Inés Pérez de Belmonte, en 1577, para su capilla funeraria en el convento de San Francisco de Ourense. La imagen, que supone la llegada a nuestras tierras del influjo directo de la escultura castellana del momento, obedece al tipo iconográfico establecido por Juni en la escultura de la Purísima del retablo de La Antigua de Valladolid y en la de la iglesia de El Salvador de Arévalo (Ávila). Corresponde a la etapa final de producción del artista de origen borgoñón que personaliza, junto a Berruguete, la principal contribución a la escultura del renacimiento español y que va a dejar una profunda huella en buena parte de la escultura manierista gallega hasta comienzos del siglo XVII.

Más información: Pieza del mes de marzo de 1999

 

Pieza del día: Dolium de Santomé

30/03/2020 | general
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Los dolia son recipientes de barro de cuerpo globular, que en algunos casos llegan a los dos metros de altura, usados normalmente en el mundo romano para almacenar productos agrícolas. Este que nos ocupa, es de época Bajoimperial, tiene 75 cm de alto y una capacidad de 212 litros y estuvo expuesto recientemente en la exposición “Santomé. Conxunto Arqueolóxico Natural”. Su borde es entrante, con labio de sección triangular, aplanado oblicuamente (para asiento de una tapadera u opercula, hoy perdida); la base es plana y de reducidas dimensiones. De sus hombros salen dos gruesas asas, de sección bilobulada al exterior y plana al interior. La pasta es de color rojiza con abundante desgrasante de cuarzo blanco, recubierta al exterior por una capa de engobe fino y brillante de color anaranjado, que se mantiene principalmente en la mitad inferior.

Los dolia eran recipientes destinados al almacenaje y transporte de productos, sobre todo vino, como demuestra su aparición en diferentes pecios. También se guardaba trigo, aceite, peras y uvas, o alimentos en salmuera. Además se utilizaban para la cría y ceba del lirón, considerado un manjar por los romanos. Lo más habitual es encontrarlos enterrados en la tierra para evitar el contacto del aire, al tiempo que contribuía a mantener su estabilidad. Este que nos ocupa da la impresión de que nunca estuvo soterrado, dada la dispersión de los fragmentos. Apareció en una estancia con acceso exterior independiente, silo de mampuesto y solado de tierra apisonada, lo que confirma que esta construcción funcionaba como almacén en relación con la producción agrícola-ganadera. Este tipo de almacenaje pone de manifiesto una nueva concepción económica, con nuevos métodos de explotación agrícola, que son introducidos en el NW con la llegada de los romanos.

Más información en: Pieza del mes de octubre de 2001

Vídeo de la evolución histórica del Conjunto Arqueológico Natural de Santomé

28/03/2020 | destacado | general

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Vídeo realizado para la exposición organizada por el Museo Arqueolóxico Provincial de Ourense en 2019-2020: «Santomé. Conxunto Arqueolóxico Natural» que recrea de modo cronológico sus distintas fases culturales:

Fase I: Creación del castro de Santomé a inicios del siglo I d. C. situado en un meandro del río Lonia, caracterizado por viviendas de esquinas redondeadas, foso, muralla y torreón defensivo.

Fase II: Desde mediados del siglo I d. C. se va notando la influencia de la cultura romana en las construcciones angulares dentro y fuera del castro.

Fase III: A partir de los años 80 del siglo I d. C. se densifican las estructuras de la croa y nuevas construcciones romanas organizan el poblado con una traza ortogonal.

Fase IV: Los primeros años del siglo II d. C. corresponden a la última fase de vida del castro.

Fase V: Abandono del castro que se inicia a mediados del siglo II d. C. y durará un siglo.

Fase VI: Desde mediados del siglo III d. C. hasta comienzos del siglo V d. C. se edifican extramuros dos viviendas -domus- siguiendo el modelo característico de las villae romanas. Una de ellas presenta un sistema de calefacción conocido como “trébede”.

A mediados del siglo V d. C. se produce el abandono total del castro y de las domus, convirtiéndose en el yacimiento que llega hasta nosotros y que hoy conforma el Conjunto Arqueológico Natural de Santomé.

 

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